Tras el ictus…la incertidumbre

3 Nov

Hace dos años y medio me cambió la vida. Mi madre sufrió un ictus, muy grave en los primeros pronósticos. Ahora, afortunadamente, está muy bien, aunque con secuelas en el habla. Una de las peores sensaciones que recuerdo es la incertidumbre de la propia enfermedad. Lo primero es lo primero, la recuperación de tu madre. Es cuestión de tiempo…Resignación y paciencia. Pero, ¿hasta cuándo?

El primer golpe te lo dan los médicos. No se andan con rodeos y su experiencia les impide empatizar con los familiares. “Tu madre no hablará ni caminará en la vida”. Y mientras asumes el palo, parte de ti piensa que no tienen razón, que todo cambiará…Saldrá adelante. Comienzas a ver cierta esperanza en gestos, en reacciones, en palabras, etc. que te hacen dudar más todavía. Con el tiempo sabrás que son automatismos, que responden a la propia adaptación del paciente o que son meros ‘espejismos’ que no responden a ningun avance real.

Sólo la fe puede superar a la angustia del no saber ‘qué pasará mañana‘. La fe que te lleva a dudar de los propios médicos, a creer en esos pequeños ‘espejismos’…que dan esperanza y, sobre todo, fuerzas para seguir adelante. En mi caso, el milagro se hizo realidad. Superó la fase crítica y comenzó a superarse cada día. Han pasado dos años y medio y todavía seguimos luchando para que sea una persona lo menos dependiente posible. Hace poco su médico nos dijo que debíamos asumir la situación, que si no nos cansábamos… “¿Por mi madre? Nunca”.

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