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Aprender a convivir con la afasia

19 Dic

A pesar de que es una secuela habitual tras un ictus, la sociedad apenas conoce este transtorno. Para las familias resulta muy complejo aprender a convivir con un afásico, que suelen sentirse marginados socialmente. El lenguaje es una característica que nos define como ser social y, una vez arrebatado, es muy difícil adaptarse a nuevas formas de comunicación. Hay varios tipos de afasia, según detallan los expertos, y no sólo afectan al habla. Afectan a la comprensión, a la escritura, al lenguaje gestual…y a la propia personalidad.

Pongámonos en su lugar: ¿Cómo te sentirías si llevaras sin poder hablar dos años tu propia lengua? ¿Cómo reaccionarías si tu entorno evitara conversar contigo porque no te entienden? ¿Y si no tuvieras el control de tus palabras? Los enfermos que sufren afasia se sienten inadaptados, fuera de su entorno habitual y en muchas ocasiones sufren depresiones. Deben aprender a comunicarse de nuevo. Y la voluntad del receptor es limitada. Por experiencia, cuando una persona topa con un afásico reacciona con rechazo ¡porque no la entiende! No es mudo, pero repite la misma palabra todo el tiempo, dice frases sin sentido, grita porque pierde los nervios…Personalmente, yo he vivido este rechazo e, incluso, he visto a mi madre llorar de desesperación porque nadie la quería atender. Dan la espalda por desconocimiento, pero hay personas que sufren mucho en ese ostracismo.

¿Y los familiares cómo conviven con un afásico? Al principio, francamente mal. Volvemos al problema de origen: la falta de información. De igual modo que en el hospital te enseñan pautas para adaptar tu hogar a las necesidades del enfermo, sus departamentos sociales podrían orientar también a los familiares para saber cómo tratar a los afásicos. Consejos que se aprenden con el paso del tiempo, facilitados por la Fundación Vivir con Afasia, como hablar despacio, con frases cortas, sin gritar, usando gestos de refuerzo y siendo conscientes de lo más importante: debemos tratarles como adultos, no como niños.

Los familiares debemos aprender a convivir con esta dura secuela, que muchas veces, arrebata parte de la relación que teníamos con el familiar afectado. La labor de adaptación se basa, desde mi experiencia, en tener altas dosis de paciencia y dar preferencia a otras vías de comunicación: imágenes, gestos, dibujos…La clave es definir la herramienta que mejor se adapta  a la necesidad de cada paciente. El lenguaje no verbal es fundamental y sólo nos damos cuenta cuando nos falta el habla: un gesto, una mirada, un tono dice mucho más que mil palabras.