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José Mª Ramírez-Moreno: un ejemplo de profesionalidad y servicio público

15 Ene

Después de analizar las desigualdades entre comunidades autónomas y criticar la falta de recursos en la lucha contra el ictus, José María Ramírez-Moreno nos ha enseñado el lado humano de la neurología y responde a una crítica habitual de los familiares de personas afectadas por ictus: la falta de implicación personal.

Un comentario habitual entre familiares que han vivido un ictus es que los neurólogos no tienen empatía cuando exponen el diagnóstico, se basan en lo peor…¿Usted cree que es cierto? ¿Son necesarias esas barreras emocionales para no implicarse personalmente?

Dar el diagnóstico es una de las tareas fundamentales de los médicos y la base para una terapéutica eficaz. En sí mismo no es un fin sino un medio, e indispensable para establecer el tratamiento adecuado. Informar acerca del diagnóstico es una de las partes más difíciles e importante del trabajo médico, y a pesar de ello no se explica y no se enseña cómo realizarlo adecuadamente. Ser poco hábiles a la hora de dar el “diagnóstico” puede generar un sufrimiento añadido innecesario en la persona que recibe la noticia y un deterioro en la relación médico-paciente.

En muchas ocasiones, a la hora de abordar estas situaciones, el profesional de la salud suelen basarse en lo peor y utilizar un lenguaje demasiado técnico, hemos recibido una formación basada en el binomio salud-enfermedad desde una visión totalmente biológica desatendiéndose, en algunos casos, las habilidades de comunicación. Hay que hacer un esfuerzo por buscar el entorno y dedicar el tiempo necesario a esta labor. En mi caso no hay barreras emocionales.

¿Podría compartir una experiencia bonita que recuerde de su día a día con esta enfermedad?

Llevo trabajando muchos años para que este cambio de modelo se de en Extremadura. Estoy profundamente convencido de que es lo mejor para estos enfermos, basándome en criterios puramente científicos y en las recomendaciones de todos los organismos de índole científica nacionales e internacionales de prestigio.

Mi ilusión y mi motivación, se mantiene viva en el día a día, alimentada del agradecimiento de los ciudadanos con ictus que ven recuperada su salud tras recibir nuestros cuidados. A pesar de que estemos en momentos económicos muy difíciles, las políticas encaminadas a la redistribución, a la igualdad y a la equidad no deben pararse. A estos enfermos ya les toca y debemos trabajar por ello.

Desde Familias SOS Ictus agradecemos de todo corazón al doctor su participación. Gracias por su apoyo, compromiso y dedicación. Ha sido un honor poder entender cuál es la realidad del ictus de la mano de un profesional de tanto nivel. ¡Gracias!

“No dedicamos los suficientes fondos para luchar contra el ictus”

13 Ene

Después de que el doctor José María Ramírez-Moreno nos relatara en la primera parte de su entrevista a Familias SOS Ictus las desigualdades entre las comunidades autónomas en la atención a los pacientes, critica con firmeza que no dedican “los suficientes fondos para luchar de forma eficiente contra el ictus” y nos explica las principales líneas de investigación.

¿Cree que se destinan los suficientes fondos para luchar contra el ictus?

Mi opinión es que no dedicamos los suficientes fondos para luchar de forma eficiente contra el ictus. El dinero público que se dedica a las Estrategias en Salud, entre las que se incluye el ictus, es escaso. Y desgraciadamente, salvo contadas excepciones, en nuestro país no hay tradición de que las entidades privadas participen activamente en la lucha contra las enfermedades.

¿Cree que se dedican todos los esfuerzos a la prevención y se deja de lado la rehabilitación?

Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de mortalidad en los países desarrollados, entre los cuales se encuentra España. La evolución en los últimos tres decenios ha sido de un descenso continuado a expensas, sobre todo, de la enfermedad cerebro-vascular. Esto es fruto, sin duda, de los esfuerzos que se han realizado en materia de prevención y hay que seguir incidiendo en ello. Dentro de este contexto positivo, podía pensarse que ha perdido interés el abordaje de estas enfermedades, así como la posibilidad de que otras intervenciones para su control no sean necesarias.

Comparto la visión que el enorme esfuerzo que se ha realizado en este pilar que es la prevención, no se ha realizado igual en materia de rehabilitación, siendo fundamental. Una de las características clave de las unidades de ictus es la rehabilitación por parte de un equipo multidisciplinar especializado. Las consecuencias económicas y sociales de una hospitalización prolongada han despertado el interés por servicios que faciliten un retorno precoz a la comunidad. Siendo necesarios servicios post-alta especializados. Un meta-análisis demostró que la rehabilitación continuada tras el alta durante el primer año después del ictus reduce el riesgo de deterioro funcional y mejora las actividades de la vida diaria. En Extremadura, la reciente apertura de una unidad monográfica de Neurorehabilitación de daño cerebral sobrevenido ayudará a paliar este déficit.

¿Cuáles son las principales líneas de investigación?

Recientemente la Sociedad Española de Neurología (SEN) presentó oficialmente el Libro Blanco que marcará la hoja de ruta para la investigación de las enfermedades neurológicas en los próximos años. El documento fue elaborado siguiendo una metodología diseñada específicamente para este objetivo. En el mismo, participaron neurólogos, todos ellos expertos en su correspondiente área, que analizaron la situación de la investigación en neurología en nuestro país, detectando las posibles áreas susceptibles de mejora y sugiriendo líneas prioritarias de investigación en el próximo quinquenio y estrategias para mejorarla.

Las principales líneas de investigación para el ictus se centraron en: disponer de registros clínicos multicéntricos centralizado de casos sobre los que reevaluar los criterios actuales de contraindicación de trombólisis, valoración del manejo apropiado de la presión arterial y glucemia en fase aguda del ictus, nuevas técnicas de neuroimagen que muestren con exactitud el área de penumbra isquémica, identificar los mecanismos implicados en la neurorreparacion y neuroplasticidad y avanzar en el intervencionismo neurovascular.

Para cerrar la entrevista, hemos reservado las preguntas más personales. ¿Los neurólogos han desarrollado una barrera emocional con sus pacientes? ¿Pierden su empatía? José María Ramírez-Moreno nos demuestra que no…Consulte la tercera parte, próximamente.

¿Dónde vives? De ello dependerá que sobrevivas a un ictus

11 Ene

Ponemos el foco sobre Extremadura para conocer de la mano de José María Ramírez-Moreno, facultativo especialista de área de Neurología-Unidad de Ictus del Hospital Universitario Infanta Cristina, la realidad del ictus en dicha comunidad autónoma. El doctor, al que agradecemos públicamente su colaboración, ha puesto en evidencia las desigualdades del sistema sanitario entre regiones: “Existe un desequilibrio evidente en la atención que se presta a los pacientes, según donde vivan, y las unidades de ictus  están distribuidas de forma desigual en el territorio nacional”.

Aunque el ictus es la segunda causa de muerte en España, hay un gran desconocimiento social. ¿A qué cree usted que se debe?

Desde hace dos años venimos trabajando en un proyecto de investigación, cuyos resultados publicaremos a lo largo de este año. Nuestro trabajo pretende, de una forma objetiva, analizar el grado de conocimiento que tiene la población general de la comunidad autónoma de Extremadura sobre el ictus, los factores de riesgo, los síntomas de alarma, percepción de gravedad y respuesta hipotética ante esos síntomas. No disponemos en nuestra comunidad autónoma de ningún estudio de estas características que nos informe del grado de conocimiento que los ciudadanos tienen sobre una patología grave y con altas tasas de mortalidad, como es la patología cerebrovascular.

Esta información es necesaria para el diseño de planes de salud específicos al reconocer los factores independientes que se asocian a un peor conocimiento de la enfermedad. Conocer, además, el comportamiento que tendrían ante los signos de alarma de los mismos es preciso para mejorar la atención sanitaria, sobre todo, en aquella población con mas riesgo. Y también permitirá establecer y guiar las necesidades de educación sanitaria en esta materia y promover campañas de información públicas en este ámbito.

El conocimiento global que la población tiene del ictus, de sus síntomas de alarma y factores de riesgo es significativamente peor que el que se tiene de la cardiopatía isquémica, por ejemplo. Solo el 39,7% de los ciudadanos extremeños tienen un conocimiento adecuado del ictus. Ser joven, tener buen nivel educativo y económico y haber tenido una experiencia cercana (familiares) con la enfermedad son factores independientes de un adecuado conocimiento. Curiosamente, haber padecido un ictus o incluso tener algunos factores de riesgo vascular no demuestra tener un mejor conocimiento; lo que indica la deficiente tarea formativa que ejercemos los médicos en este colectivo. En este trabado demostramos con claridad que el nivel de conocimiento del ictus es inadecuado en la población con menor poder adquisitivo y nivel de estudios, existiendo un claro gradiente de desigualdad social. Las iniciativas de salud pública y gestión de campañas educativas en ictus deberían realizarse con un lenguaje sencillo y dirigirse con especial interés a las clases sociales con menor nivel de renta.

¿Considera que los planes y protocolos de ictus hospitalarios son adecuados? ¿Existe un equilibrio entre las comunidades en la aplicación de dichos protocolos?

Durante muchos años, la atención del ictus ha sido destinataria de un importante nihilismo terapéutico, fiándose a los pacientes, en el mejor de los casos, a la evolución natural de la enfermedad. Afortunadamente, a partir de la década de los ochenta comienzan a publicarse estudios que muestran que la atención especializada del ictus tiene un impacto sobre la evolución de los pacientes, lo que lleva a la Organización Mundial de la Salud y el European Stroke Council a lanzar la Declaración de Helsinborg en 1995, ratificada en el año 2006 en la que se especificaba como objetivo a cumplir que todos los pacientes con ictus en fase aguda tuviesen una evaluación precoz y especializada, así como tratamiento en una unidad de ictus.

El Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología publicó en el año 2006 el Plan de Atención Sanitaria del Ictus (PASI) con el objetivo de elaborar un sistema organizado de atención al ictus que dé respuesta a las necesidades de cada enfermo y optimice la utilización de los recursos sanitarios. Este plan pretendía garantizar la equidad en la atención sanitaria del paciente con ictus. La Estrategia Nacional en Ictus del Sistema Nacional de Salud aprobada en el año 2008 recogió en gran medida el tipo de modelo organizativo sanitario del PASI. El tiempo ha transcurrido y han aparecido nuevos avances en el tratamiento de la fase aguda del infarto cerebral que han obligado a realizar una revisión de este plan, que se ha publicado recientemente . Los neurólogos además seguimos las recomendaciones internacionales en esta materia y las guías oficiales de la Sociedad Española de Neurología. Los centros hospitalarios con Unidades de Ictus siguen estas recomendaciones y protocolos de una manera bastante homogénea y uniforme.

Se ha demostrado sobradamente el beneficio que produce en los pacientes que han sufrido un ictus la atención neurológica precoz y especializada y las ventajas de organizar los cuidados médicos y de enfermería en una Unidad de Ictus. La atención en este tipo de unidades se asocia con una disminución en la probabilidad de muerte o incapacidad o complicaciones en todos los subgrupos de pacientes, beneficios que se mantienen a largo plazo. Este recurso sanitario goza del nivel de evidencia científica más alto exigido y ha sido recomendado en las guías de práctica médica como el mejor modelo para tratar a estos pacientes. Sin embargo, el cambio del modelo asistencial tradicional por este otro es desigual entre comunidades autónomas y existe un desequilibrio evidente en la atención que se presta a estos pacientes. Lo grave es que dependiendo de donde uno viva, puede tener mayores posibilidades de sobrevivir a un ictus y de hacerlo con menor discapacidad.

Esto va en contra de la igualdad en la prestación de servicios que nuestro modelo sanitario pretende. Por una encuesta publicada recientemente sabemos que existen unas 40 unidades de ictus en nuestro país, cuando serían necesarias más de 70. Además están distribuidas de forma desigual en el territorio nacional; con una gran concentración en Madrid y Barcelona, que coinciden en ser las más activas en cuanto al número de tratamientos de repercusión, y en las que funciona adecuadamente el «código ictus» de manera global. Es evidente el acercamiento entre las autoridades sanitarias y las sociedades científicas que ha culminado con la elaboración de planes de atención al ictus tanto a nivel autonómico como nacional pero el recorrido es aún largo.

¿Quieres saber qué opina el doctor sobre los fondos destinados a la lucha contra el ictus, hacia donde se dirigen los esfuerzos o las principales líneas de investigación? Próximamente, la segunda parte de la entrevista al doctor.

Foto: http://neurologia.publicacionmedica.com